HALLÓ AGUA PARA SU CABALLOS EN UN SANTUARIO DE LA DFTA.CORREA EN MEDIO DE LA NADA

Un dramático episodio con un desenlace que muchos han calificado como «milagroso» tuvo lugar en una de las regiones más desoladas de la provincia de San Luis. Álvaro Biderman, un joven jinete que lleva adelante una travesía a caballo por distintas provincias argentinas con el fin de impulsar y visibilizar una ley nacional de equinoterapia, estuvo al borde de interrumpir su campaña debido a la deshidratación crítica de sus animales. Sin embargo, la fe y las tradiciones cuyanas cambiaron el rumbo de su historia.
El hecho ocurrió mientras el viajero avanzaba por el norte puntano, una zona rural caracterizada por terrenos áridos y condiciones geográficas complejas que dificultan el acceso a recursos hídricos básicos. La travesía, se complicó severamente tras un extenuante tramo de 30 kilómetros de marcha continua.
“Venimos andando hace 30 kilómetros. Ayer mis caballos no me tomaron agua porque es una tierra muy salitrosa”, relató Biderman a través de un video difundido en sus redes sociales, donde dio detalles de la delicada situación. El suelo salino de la zona provocó el rechazo del ganado a beber el agua disponible el día previo, agravando el desgaste físico y el cansancio acumulado tras iniciar una nueva jornada planeada para recorrer otros 40 kilómetros.
Momento límite y fe popular
Con el paso de las horas, los caballos comenzaron a manifestar preocupantes signos de debilitamiento y agotamiento extremo. «Hace cinco kilómetros los caballos vienen muy bajoneados. Empecé a buscar agua por todos lados. Por acá es un lugar muy desolado de San Luis», describió el jinete, quien al ver la vulnerabilidad de sus compañeros de ruta decidió frenar la marcha bajo la sombra de unos árboles y caminar solo en busca de asistencia en un paraje completamente deshabitado, donde sólo divisó una tapera antigua abandonada.
Desesperado ante la falta de viviendas y la ausencia de pozos o puestos de abastecimiento, Biderman apeló a sus creencias espirituales: “Les pedí a mis ángeles que me hagan encontrar agua”, confesó emocionado. Apenas caminó unos 100 metros desde el lugar donde resguardaba a sus animales, se topó de frente con un santuario rutero consagrado a la Difunta Correa, la mítica figura de la devoción popular cuyana.
El «milagro» de las ofrendas
Tal como indica la arraigada tradición de los viajantes y camioneros que recorren las rutas de la región, el altar se encontraba colmado de botellas plásticas cargadas con agua, depositadas por los devotos para que, según la leyenda, a la Difunta «nunca le falte agua». El joven estimó que el sitio albergaba alrededor de 400 litros del recurso vital en perfectas condiciones.
Biderman utilizó los recipientes para improvisar un bebedero de emergencia y lograr la completa hidratación de sus equinos antes de reanudar el viaje. «Ahora los voy a traer acá para que tomen agua», concluyó el jinete en su filmación, agradecido por una milagrosa coincidencia que le permitió salvar la vida de sus animales y continuar con su cruzada solidaria.

 

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