MYRIAM AHUMADA,HABLÓ CON DIARIO DE CUYO SOBRE EL DOLOR DE SU HERMANO EN MALVINAS

Cada 2 de abril la sociedad argentina recuerda uno de los momentos de la historia de nuestro país más complejo y doloroso, como es el inicio de la Guerra de Malvinas, un conflicto armado que duró 74 días y se cobró la vida de 649 argentinos, entre ellos, 23 sanjuaninos. Myriam Ahumada perdió en la guerra a dos seres queridos, su único hermano y un primo. A 44 años del inicio del conflicto comparte su historia con DIARIO DE CUYO.
“Me resulta difícil hablar a veces porque me emociono mucho”, comenta en la previa a la charla, temerosa de no poder aguantar las lágrimas que la ya habían visitado minutos antes, cuando junto a familiares de caídos dejaron flores blancas en la fuente que recuerda a quienes perdieron la vida tras el hundimiento del ARA General Belgrano. En aquel momento, quizás de una manera inconsciente mientras sonaba El Toque del Silencio, se había colocado las manos sobre el pecho y miraba hacia el cielo.
Corría el año 1982. Julio Ahumada tenía 18 años y su primo Hugo Ahumada, cursaba los 19 años. Ambos habían terminado la secundaria y eran tan unidos que parecían hermanos. Oriundos de Caucete, habían decidido sumarse a la Escuela de Mecánica de la Armada. En aquel entonces no imaginaron que serían parte de la guerra, y que no volverían para compartir la experiencia.

Cuando fueron reclutados se incorporaron a la tripulación que subió sobre el ARA General Belgrano, navío que fue atacado el 2 de mayo de ese año, provocando su hundimiento y con ello la muerte de 323 de los 1.093 tripulantes.

El día que nos enteramos del hundimiento del crucero, el Teniente Aguiar, que estaba a cargo de la delegación naval en esos años, nos llevó una tarjeta de cada uno de ellos diciendo ‘Desaparecido, posiblemente fallecido’. Recuerdo que los vecinos se acercaron y se llenó la puerta de casa. Teníamos a mi abuela enferma con cáncer y para que ella no se pusiera nerviosa pedimos que se retiraran porque había mucha gente”, recuerda Myriam.

“No eran soldados como muchos los llaman. Estaban haciendo la carrera en la escuela, pero se fueron y les tocó la mala suerte que vino la guerra y no volvieron”; destacó Myriam.La pérdida de Julio y Hugo para la sanjuanina hasta el día de hoy representa un gran dolor. Julio era su único hermano, menor que ella, a quien cuidó, acompañó e incluso armó esa última valija, la que regresó sin su dueño.

“Fueron unos niños que no tenían maldad. Eran personas muy buenas. Los perdimos a los dos juntos”, aseguró conteniendo las lágrimas que nuevamente querían salir a flote.

Esta vez Myriam participó del acto en soledad. Las ediciones anteriores estuvo acompañada por su madre, quien el próximo 14 de abril cumple 92 años. En esta oportunidad, no consiguieron movilidad para el traslado, pero la sanjuanina no quería estar ausente en el homenaje que toda una provincia le hace a su hermano, su primo y el resto de los sanjuaninos que fueron parte de la guerra. A los que volvieron y a los que no.

“Me da mucha emoción vivir de nuevo el dolor. Era mi único hermano, era muy querido. Lo extraño un montón y mi madre igual”, finalizó Myriam Ahumada.

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