Cuando fueron reclutados se incorporaron a la tripulación que subió sobre el ARA General Belgrano, navío que fue atacado el 2 de mayo de ese año, provocando su hundimiento y con ello la muerte de 323 de los 1.093 tripulantes.
“El día que nos enteramos del hundimiento del crucero, el Teniente Aguiar, que estaba a cargo de la delegación naval en esos años, nos llevó una tarjeta de cada uno de ellos diciendo ‘Desaparecido, posiblemente fallecido’. Recuerdo que los vecinos se acercaron y se llenó la puerta de casa. Teníamos a mi abuela enferma con cáncer y para que ella no se pusiera nerviosa pedimos que se retiraran porque había mucha gente”, recuerda Myriam.
“Fueron unos niños que no tenían maldad. Eran personas muy buenas. Los perdimos a los dos juntos”, aseguró conteniendo las lágrimas que nuevamente querían salir a flote.
Esta vez Myriam participó del acto en soledad. Las ediciones anteriores estuvo acompañada por su madre, quien el próximo 14 de abril cumple 92 años. En esta oportunidad, no consiguieron movilidad para el traslado, pero la sanjuanina no quería estar ausente en el homenaje que toda una provincia le hace a su hermano, su primo y el resto de los sanjuaninos que fueron parte de la guerra. A los que volvieron y a los que no.
“Me da mucha emoción vivir de nuevo el dolor. Era mi único hermano, era muy querido. Lo extraño un montón y mi madre igual”, finalizó Myriam Ahumada.


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