El tradicionalismo cuyano está de luto. La partida física de Pablo Eduardo «Poli» Maurin, uno de los máximos referentes y defensores de la identidad gaucha en la provincia de San Juan, deja un vacío imposible de llenar en los campos de jineteada y en el corazón de las agrupaciones tradicionalistas de la región.
Maurin no fue un espectador de nuestras costumbres; fue su motor, su custodio y el hombre que garantizaba que el legado de la tierra se mantuviera intacto para las nuevas generaciones.
El señor del campo general
Conocido popularmente por el afectuoso apodo de «Poli», Maurin consolidó su prestigio gracias a un conocimiento milimétrico del caballo y una autoridad natural respetada por jinetes de todo el país. Su hábitat natural eran los festivales de jineteada y domas, escenarios donde se consagró como un implacable y respetado capataz de campo.
Bajo su mirada atenta, el peligro inherente de la actividad encontraba orden y resguardo. Su labor no solo consistía en coordinar las tropillas más bravas, sino en salvaguardar la integridad de los hombres y la dignidad del espectáculo criollo.
Su firma organizativa y su presencia campera engalanaron los eventos más importantes del calendario folclórico local. Fue el alma máter de la organización de campo en las convocatorias del Festival de Destrezas y Jineteadas en Caucete, y un animador indispensable de las celebraciones tradicionalistas en los paisajes de todo San Juan.
Allí, donde la montaña se junta con la tradición, «Poli» era sinónimo de fiesta campera segura y auténtica.
Un legado que galopa hacia la eternidad
Quienes compartieron noches de fogón y mates con él coinciden en una definición: un apasionado absoluto.
Su vida estuvo consagrada al bienestar del caballo y a la supervivencia de los códigos del gauchaje.
Su deceso genera una profunda conmoción en la comunidad sanjuanina, que hoy despide al hombre del sombrero bien calzado y el rebenque en alto. Las banderas de las agrupaciones gauchas hoy flamean a media asta.
Pablo Eduardo «Poli» Maurin ha dejado libre el palenque, pero su nombre ya forma parte de la historia grande del folclore y las destrezas criollas de San Juan. El galope de su recuerdo seguirá resonando en cada rincón de Caucete y de San Juan, y en cada jineteada que se precie de mantener viva la tradición nacional.

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