EL VALIENTE CAUCETERO QUE VENCIÓ AL CÁNCER TOCÓ LA CAMPANA EN EL GARRAHAN

Existen momentos que quedan grabados para siempre debido a la profunda emotividad y al significado que encierran. En el Hospital Garrahan, el prestigioso centro pediátrico de Buenos Aires, existe un ritual entrañable: cada vez que un niño culmina su tratamiento de quimioterapia, es invitado a tocar una campana ubicada en los accesos del nosocomio como símbolo de victoria. Este ansiado momento fue protagonizado recientemente por Gohan Amaya, un bebé caucetero de tan solo 14 meses, tras culminar su sexto y último ciclo contra el cáncer que afectó uno de sus ojitos.

Según relató su mamá, Johana, tras un control médico que arrojó excelentes resultados, se procedió formalmente a tocar la campana para cerrar esta fase crucial. La familia continuará en Buenos Aires de cara a los próximos pasos médicos: un nuevo control de defensas, una resonancia magnética pautada para el 1 de noviembre y la posterior extracción del catéter.

Campaña solidaria en marcha

En paralelo a la alegría por la culminación de la quimioterapia, la familia enfrenta un nuevo desafío. Gohan necesita una prótesis ocular debido a las secuelas que el cáncer dejó en su ojo derecho.

Al conocer la historia a través de los medios, Emanuel Iodice —un vecino de La Plata— se puso al frente de una cruzada solidaria. Para recolectar los fondos necesarios que permitan adquirir el insumo médico, organizó una bicicleteada solidaria prevista para el próximo lunes, buscando sumar el apoyo de la comunidad en este camino hacia la recuperación total del pequeño sanjuanino.


¿Que significa el Ritual de Tocar la Campana?

El ritual de tocar la campana en el Hospital Garrahan de Argentina —al igual que en muchas instituciones oncológicas del mundo— simboliza la finalización de una etapa crucial del tratamiento contra el cáncer, como la última sesión de quimioterapia o radioterapia. 
Es un hito sumamente emotivo que celebra la vida, el esfuerzo físico y emocional del paciente, y la resiliencia de toda su familia. Cuando un niño o niña recibe el alta médica de esa fase, hace sonar la campana con fuerza para anunciar que ha alcanzado esa gran meta.
Este emotivo ritual se caracteriza por los siguientes aspectos:
  • Celebración comunitaria: El momento se vive en los pasillos del hospital. Al sonido de las campanadas lo acompañan los aplausos, abrazos y lágrimas de alegría de los familiares, médicos, enfermeros y otros pacientes que se encuentran en el lugar. 
  • Inspiración y esperanza: Al estar ubicada en un área visible, el sonido de la campana funciona como un faro de esperanza para los demás niños que aún continúan en tratamiento, recordándoles que es posible llegar al final del camino. 
  • Cierre de un ciclo: No siempre significa una cura definitiva e inmediata, ya que luego continúan los controles periódicos, pero representa un rotundo «hasta aquí llegué con esta etapa dura». 
¿Cuál es su origen?
Esta tradición nació en 1996 en el hospital estadounidense MD Anderson Cancer Center en Houston. Un almirante de la Marina de EE. UU. llamado Irbe Lemoine, agradecido por terminar su tratamiento de radioterapia, regaló al hospital una campana de bronce de su barco.
Se inspiró en la costumbre naval donde los marineros tocan la campana para anunciar que una misión difícil ha sido cumplida con éxito. Desde entonces, la práctica se adoptó de forma universal en los centros de salud

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