La Patagonia argentina enfrenta una de sus peores crisis ambientales y humanitarias de los últimos años. Los incendios forestales en la provincia de Chubut, que comenzaron hace más de un mes, se encuentran totalmente descontrolados, forzando la evacuación de 3.000 personas y consumiendo más de 2.000 hectáreas de bosque nativo, con un balance que podría empeorar en las próximas horas.
La gravedad de la situación escaló ayer jueves cuando las llamas, avivadas por vientos intensos y una sequía histórica, alcanzaron la Ruta Nacional 40. Las autoridades debieron decretar el corte total de la circulación en el tramo comprendido entre las localidades de El Hoyo y Epuyén, debido al avance del fuego sobre la calzada y la nula visibilidad por el denso humo.
El jefe de operaciones del Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (SPLIF), Ariel Ruiz, describió un escenario prácticamente inmanejable: “Cuando el fuego es muy grande no hay recursos que alcancen”. En diálogo con TN, explicó las causas profundas de la catástrofe: “Tenemos un año de mucha sequía, un invierno muy seco, la cordillera no pudo juntar nieve y eso afectó el reservorio de agua. Eso se transforma en un combustible explosivo”.
El miércoles, el incendio “trepó toda la montaña” y este jueves “continuó el viaje”, alcanzando un pinar, una especie muy resinosa y altamente inflamable, lo que precipitó su llegada a la ruta.
Mientras cientos de brigadistas, bomberos y fuerzas de seguridad trabajan en el terreno, el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) para este viernes añade un factor de incertidumbre. Se esperan tormentas aisladas en Epuyén. Si bien la lluvia sería una ayuda crucial, la actividad eléctrica asociada a estas tormentas representa un riesgo latente de generar nuevos focos ígneos, perpetuando el ciclo del desastre.

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